Por recibimos y publicamos
21 Jul 2015
ídolo

Para salir un poco de si esta bien o no que venga tal o cual, les dejo unas palabras que le escribí a un tipo que no va a estar mas con la blanca en el pecho.

Mis primeros recuerdos de Nacional son de la Copa del 88, de ir al estadio con mi viejo y mi abuelo, de ver el partido contra el América de Cali tirado en el living de mi casa y el grito loco de mi padre cuando De Lima la mando a guardar. Después vendría la final y ese recibimiento que siendo un niño de 6 años me quedo grabado en la memoria. Con ello vendrían los primeros ídolos e intentar imitarlos, tener el aplomo y la presencia del Hugo para patear los penales, saltar a cabecear como el Vasco o simplemente convertirme en Superman para sacar esa pelota increíble.

Pasaron los años y llego el primer campeonato Uruguayo que viví conscientemente, el del 92 con Dely, llego esa apilada del Pana para hacerme volver loco en la Colombes y copiarle el festejo de cara a la Ámsterdam cuando jugaba con mis amigos en el campito. Pero llegaron lo que yo llamo los “años oscuros”, unos años que para un pibe que estaba en el liceo eran una pesadilla, pero dentro de esa oscuridad apareció un rayo de luz, un pibe de pelo largo que llego con uno de los famosos “paquetes” que venían en esos años al Club. Ese pibe venia de Danubio, con una gambeta endiablada y una zurda mágica.

Fue amor a primera vista, creo haber ido a casi todos sus partidos en esa primera etapa en Nacional pero como todo en esos años lo bueno duraba poco.

Fue así que luego se salir campeón del Apertura en el partido contra Liverpool anuncio que se iba, solo restaba ir a despedirse de él en el último partido contra Rentistas donde no jugo pero quede ronco de gritar que algún día iba a volver. Vinieron los años del Inter y el Venecia, haciendo fuerza por esos 2 cuadros porque jugaba el, parecido a lo que pasa hoy cuando juega Lucho en el cuadro que sea.

También vinieron los enojos cuando venía a la Selección y los de la otra vereda no hacían más que silbarlo o recriminarle todo lo malo que pasaba, aunque nunca le reconocieron que prácticamente el solo nos llevó al Mundial del 2002. Pasaron los años y pego la vuelta a su primer club, la sensación fue rara de verlo en el GPC con otra camiseta pero intentando entender sus motivos. Hasta que primero un rumor y luego llego la confirmación de que volvía a casa, volvía a Nacional buscando esa gloria que había quedado pendiente en junio del 97.

El pibe que con 15 años fue a despedirlo contra Rentistas volvió al Estadio con 29 para volver a verlo contra River agarrar una pelota sacarse a uno de arriba y ponerla contra un palo.

Fue una explosión de alegría, el pelilargo había vuelto, estaba vigente y dispuesto a todo. Ese todo llego un domingo de noviembre del 2011, minuto 90, clásico empatado y penal para Nacional. Se me vinieron arriba 15 años de idolatría, de alegrías y de puños apretados cuando lo criticaban, él agarro la pelota y se paró frente al arquero, me acuerdo que lo único que pensaba era “que lo meta, que lo meta”, para ganar un clásico más de atrás, por él, por mí y por todos los Bolsos que durante años creímos que se iba a hacer realidad ese canto de que algún día iba a volver.

La historia es conocida, apronto su zurda mágica y le rompió el arco arrancando una carrera loca. Mi grito antes que de gol, fue “lo metió, lo metió”, fue un abrazo que me di con mi yo de los 15 años, la reafirmación de que no me había equivocado en elegirlo como ídolo.

La cuenta pendiente de ser campeón se cumplió en el 2012, como no podía ser de otra manera con una joyita de el para desparramar al arquero de Defensor. Lo que vino después para mí fue de yapa, yo ya estaba cumplido con ese regreso con gloria pero vinieron más goles clásicos, goles olímpicos, lujos de todos colores hasta que después de volver a salir campeón, de ser parte fundamental de la mejor remontada clásica de la historia, dijo basta, hasta acá llegue.

El sentimiento que me queda y el motivo de estas líneas es de agradecimiento. Agradecerte Chino por traer luz en aquellos años oscuros, por traer esperanza en aquel 99 cuando volviste a jugar con la camiseta más linda en el partido de los 100 años y prometiste de nuevo que ibas a volver. Darte las gracias porque tomaras la decisión de honrar tu palabra para hacernos inmensamente felices a todos los hinchas del Glorioso Nacional. Especialmente te da las gracias Chino, este Pablo con 33 años y sobre todo aquel Pablo que con 15 años se quedó ronco en la Ámsterdam gritando que “Aunque el Chino se vaya lo vamo a querer, aunque el Chino se vaya lo vamo a querer, algún día, algún día, va a volver” y vaya que volviste Chino. Hasta siempre Álvaro “Chino” Recoba. ¡Nacional Nacional!.

PABLO_FASC 


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